Gobernando un castillo de naipes sin esperanzas
(Por Pablo Esteban Dávila) La pasada fue una auténtica semana trágica para el gobierno de Alberto Fernández y, huelga decirlo, para toda la Argentina. A la renuncia de Martín Guzmán le siguieron una serie de desesperantes cabildeos que paralizaron la designación de su reemplazante por cerca de 48 horas, generando una suerte de pánico colectivo y una ola de remarcaciones de precios. Se tejieron múltiples especulaciones: desde la asunción de Sergio Massa a la jefatura de Gabinete con plenos poderes para el manejo del área económica hasta una posible renuncia del primer mandatario. Al final, se optó por Silvina Batakis, una solución de transición entre los deseos de Cristina y las urgencias del presidente.
(Por Pablo Esteban Dávila) La pasada fue una auténtica semana trágica para el gobierno de Alberto Fernández y, huelga decirlo, para toda la Argentina. A la renuncia de Martín Guzmán le siguieron una serie de desesperantes cabildeos que paralizaron la designación de su reemplazante por cerca de 48 horas, generando una suerte de pánico colectivo y una ola de remarcaciones de precios. Se tejieron múltiples especulaciones: desde la asunción de Sergio Massa a la jefatura de Gabinete con plenos poderes para el manejo del área económica hasta una posible renuncia del primer mandatario. Al final, se optó por Silvina Batakis, una solución de transición entre los deseos de Cristina y las urgencias del presidente.